sábado, 30 de octubre de 2010

Pollo guisado con fruta

Sospecho... que me he engordado. Me lo insinúa el espejo. ¡Maldición! Gracias a los dioses no puedo saberlo con certeza, ya que la báscula se ha quedado sin pilas. No sé que me pasa últimamente, yo intento llevar una dieta sana y comer un poco de todo, pero cada vez que abro la nevera, me encuentro con la mirada escrutadora de una lechuga iceberg... y me dan los siete males. Un bajón... Sólo me vienen a la mente platos de gordo. Espero que sea algo pasajero y para nada contagioso. Por eso hoy he decidido preparar un guiso de pollo con manzana y quiero compartirlo con vosotros.

En primer lugar me gusta lavar el pollo. He comprado jamoncitos porque la presentación es más cuca, pero sale mejor de precio comprar un pollo entero. Un día mi madre me aconsejó que le quitara la piel, y desde entonces lo hago siempre, así no hay riesgos de que se me pegue al fondo de la perola y además eliminamos el componente grasiento del pollo. Colocamos el pollo en la olla lavado, sin piel, con sal, un poco de pimienta negra y un buen chorro de aceite de oliva, no seáis rácanos. Comenzamos a dorarlo a fuego lento. Lo acompañamos con un par de puerros cortados en rodajas pequeñitas. El puerro es sutituíble por cebolla, yo os doy alternativas, no vamos a ser tan quisquillosos. Freímos el conjunto hasta que el pollo esté bien dorado y el puerro prácticamente deshecho en el fondo.

Añadimos al guiso una manzana cortada en dados. Para los que adoran los platos exóticos, podéis probar a añadir unos dátiles o unas pasas, el sabor de la salsa estará de muerte. Pero yo hoy no estoy para extravagancias. Bueno, y no quiero imaginarme la cara de David si se encuentra en su plato una pasa.

Le damos unas vueltas al pollo con la manzana y añadimos vino blanco, casi hasta que lo cubra todo. Unos minutos cociendo a fuego medio (por supuesto, tiempos a ojo) y ¡ya está!

Facilito ¿eh? Si es que el pollo es tan versátil...

martes, 19 de octubre de 2010

Marmitako

O, como dice mi abuela, "ese plato de pescadores"... pero en el fondo sé que le gusta, jaja. Además el bonito es muy sano.

Estaba releyendo la receta que apunté en un papelajo arrugado que había por la cocina de mi madre y no deja de sorprenderme cómo dos platos, en apariencia tan diferentes, se preparan prácticamente igual. ¡Si va a resultar que esto es mucho más fácil de lo que parece! Vamos a por ello.

La semejanza la tiene con la paella de carne (quién lo diría). En este caso también empezamos friendo cebolla troceada y tiras de pimiento verde, pero además añadimos una guindilla cayena y dos hojas de laurel. Esperamos y removemos hasta que esté pochadito. Incorporamos a la sartén media lata de tomate natural triturado o, mejor aún, un tomate pelado y en trocitos. Freímos un ratito más, sin olvidarnos de la sal.

Pelamos y cascamos unas patatas, calculad una mediana por persona. David me preguntaría gramos o centímetros exactos de lo que se denomina una patata mediana común, pero yo siempre le respondo que sí... que a ojo :)

Ahora que la salsa con el tomate ya está frita, añadimos una cucharada de coñac, las patatas y abundante agua (que cubra las patatas) para que salga un guiso caldoso y poder comerlo con cuchara, que en invierno apetece un montón. No hace falta que vigilemos el guiso con la mirada fija en la mezcla, como aconsejan Les Luthiers con el "suflé", simplemente esperaremos a que las patatas estén blandas. Mientras tanto, limpiamos y troceamos el bonito. Que no se diga que no podemos hacer varias cosas a la vez.

Cuando las patatas estén en su punto, añadimos el bonito y corregimos de sal. Con un hervorcillo de dos minutos será más que suficiente para que el plato esté listo. Sano, calentito y rico rico...

Paella de carne

O arroz con conejo, que no quiero herir sensibilidades. Tengo amigos valencianos que preparan unas paellas magníficas con unos ingredientes que ni conozco, pero se indignan porque, según ellos, por culpa de los guiris ahora llamamos paella a cualquier cosa, jaja. Es lo que tiene el amor por la patria y por la buena cocina.

Bueno, el caso es que mi madre ha preparado esta paella de carne toda la vida y es uno de mis platos favoritos, por eso lo quiero compartir con vosotros. A ella le sale de cine, espero poder decir lo mismo de mí dentro de unos años.

En primer lugar haremos el clásico sofrito que nunca falla. En un buen aceite de oliva freímos cebolla picada, tiras de pimiento verde, trozos de conejo y magro de cerdo en tacos. Sazonamos. Vamos vigilando y removiendo hasta que el conejo esté bien hecho. Añadimos casi al final unas rodajitas de chorizo pero que no se hagan demasiado. Para terminar, incluimos media lata de tomate natural triturado y lo freímos.

La cantidad de arroz es de una taza para tres personas, aproximadamente. Doramos un poco el arroz en el sofrito antes de añadir el agua (dos tazas, siempre el doble que de arroz). Por último, un poco más de sal y el azafrán.

Dejamos cocer el arroz 17 minutos desde que rompe a hervir el agua, sin moverlo. Después apagamos el fuego, tapamos la paella con un trapo y dejamos reposar unos 10 minutos. Más le vale a tu marido tener la mesa puesta porque esto hay que comerlo ¡ya!

Como os dije ya en otra ocasión, lo divertido es experimentar, que si no tenemos conejo podemos hacerla con pollo, unas rodajitas de longaniza (de la seca, de Aragón, faltaría más) o con pimientos rojos asados decorando el plato. O incluso huevo duro. Qué hambre... grrr...

jueves, 14 de octubre de 2010

Manolitos y otros seres queridos

Resulta que tienes una cena para ocho invitados en tu pisito de polly pocket. ¡Horror! Has conseguido sillas plegables y vasos suficientes en el chino, pero no tienes una perola tan grande como para cocinar macarrones para tantos. Te propongo una alternativa barata y divertida, temática si quieres, y tus amigos quedarán satisfechos.

Lo primero que debes hacer es comprar ese paquete de lomo de cerdo del Mercadona en el que vienen 36 filetes y que cuesta unos 7 euros, toda una ganga. Si tu sueldo no es miserable y te puedes permitir un poco más que eso, siempre puedes ir a la carnicería de tu barrio y comprar solomillo. Pero con ambas cosas te vas a lucir.

Lo ideal sería no congelarlo. Primero les pones un poco de sal y los vas friendo con un fuego medio y una buena cucharada de aceite, que se hagan bien por dentro pero que no suelten agua (esa cosa blanca que rodea los filetes y que a mí me da tanto asquito). Y ahora viene lo divertido.

MANOLITOS

Este es mi favorito. Una vez fritos los filetes los colocas en una fuente y sobre cada uno de ellos pones medio tranchete de queso (o loncha fina del queso curado que tienes por la nevera). Después los sazonas con un pellizco de orégano. Si esto lo acompañas con unas tostadas con aceite y ajo, tu mesa olerá como un restaurante italiano. De primero una ensalada y de beber Lambrusco. El postre que lo traigan ellos.

Este plato recibe el nombre de Manolito porque lo aprendí de mi padre. Lo preparé un día para mis compañeras de piso y Laura bautizó la receta. Ella también tiene la suya propia.

LOS DE LAURA

Esta vez vamos a optar por una salsa de queso. Lo ideal sería calentar en un cazo un brick de nata para cocinar, aunque podéis hacerlo con leche. No es lo mismo... pero conozco a gente que no puede ver la nata ni en pintura. Yo lo hago con ambas cosas, la nata le da a la salsa una textura muy agradable y un chorrito de leche la suaviza. En la nata fundimos una cuña de queso azul; para los más pudientes, de roquefort, pero no obsesionarse, con el barato la salsa está de cine. Servimos los filetes y llevamos el queso a la mesa en una salsera. El acompañamiento más idóneo son patatas fritas, así que aconsejo no hacer esta cena a menudo si te dan pavor los kilos de más.

LOS DE CARMEN, MI MAMÁ

Este plato no sólo triunfa en una mesa, también es una opción ideal como bocata campestre. Freímos los filetes con ajo cortado en rodajas, o dientes enteros si os gusta más. De todas formas yo no puedo comerme el ajo porque paso una digestión terrible. En otra sartén freímos pimientos del piquillo, a fuego lento, con una puntita de sal y otra de azúcar. Si vemos que se quedan un poco pastosos, podemos añadir un chorrito de agua. Mi madre, que lleva haciendo este plato toda su vida, últimamente añade también a la sartén de los pimientos unos champiñones frescos.De vez en cuando hay que innovar, y esto ha sido todo un acierto.

LOS DE ANA, MI VECINA

Uno de los platos favoritos de Ana son los filetes al yogur; le salen de vicio. Una vez fritos los filetes con poco aceite, añadimos una tarrina de yogur natural (que no sea azucarado, por dios). El ideal para este plato es el yogur griego, por su cremosidad y su sabor. Dejamos cocer el yogur con la carne y añadimos una puntita de sal. Buenísimos.

LOS DE MARI, MI SUEGRA

Ella se trabaja el lomo bastante más que yo. Lo asa entero y luego en frío lo corta en rodajas. Mmmm... pero lo mejor sin duda es la salsa. Freímos cebolla finita con unos trozos de manzana y vino blanco y cocemos un ratito los filetes ya dorados. Preparad unas cuantas barras de pan. Podemos acompañarlos con una ensalada tropical de estas que llevan gambas, piña y lechugas varias.

Espero que disfrutéis de una gran cena. Y también que al leer esto os entren ganas de experimentar. Si ya lo decía mi abuelo, que al cerdo le va bien todo.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ensalada de pasta

Para que mi futuro marido David vea el partidazo que se va a llevar conmigo, voy a publicar la receta de su segundo plato favorito. ¿Adivináis cuál es el primero? Muy bien, las lentejas :)

La ensalada de pasta es la excusa perfecta para comer todas las chucherías que tenemos por la nevera y que tanto nos gustan, como aceitunas, mayonesa, palitos de cangrejo... pero camufladas con el sustantivo ensalada. Así uno se siente mejor con su conciencia, las ensaladas son muy sanas y apetecen mucho en verano, aunque la que yo hago prácticamente no lleva vegetales...

En primer lugar la gracia está en elegir una pasta divertida. Ahora en el súper las hay de todos los colores y formas, como mariposas, tirabuzones o garbanzitos verdes, naranjas, amarillos... Coged una bonita y la cocéis.

Lo que yo le pongo:

- palitos de cangrejo, o surimi, no sé muy bien como se llama pero sé que lo venden congelado en barritas.
- atún, imprescindible.
- cebolla dulce o cebolleta, ¡cuanta más mejor!
- aceitunas sin hueso, y además las parto por la mitad y no veáis lo que cunden.
- huevo duro en rodajas, calculad uno por persona.
- dados de queso en salmuera, es fácil encontrarlo en el súper, o si no, tacos de queso curado.
- salsa rosa, pero no la oficial, sino la que yo hago con mayonesa y ketchup.

Podéis añadirle lo que os de la gana, pero esta combinación es la que más nos gusta.

Sé que la mayonesa de bote no está nada mal, y además la venden light, pero de vez en cuando, ya que nos ponemos, lo ideal es hacer una mayonesa casera, que no hay ni punto de comparación. Es muy facilito. En el recipiente de plástico echamos un huevo crudo y buen chorro de aceite de girasol (con aceite de oliva está demasiado fuerte). Introducimos la batidora y (si tiene la opción) la ajustamos a una velocidad lenta para que se ligue bien, pero no se rompa el huevo. Batimos despacito y sin que entre aire en la mezcla (sin sacar el cabezal del líquido). Podemos ir añadiendo un chorrito más de aceite, o incluso uno de oliva, para darle sabor y una pizquita de sal (no es imprescindible, yo a veces no le pongo). Cuando esté ligada seguimos batiendo desde abajo para que coja cuerpo y se haga dura, ya que al añadir el ketchup se vuelve bastante más líquida. Dependiendo de para qué hagamos la salsa, en lugar de ketchup podemos añadir vinagre, zumo de limón, o las dos cosas. Si es para pescado y marisco el limón le va de cine. Las cantidades... pues a ojo y la vais probando.

Pues ya podéis mezclar la pasta, con los ingredientes y la salsa. Si la hacéis a menudo, también se puede aliñar con vinagreta, para no abusar de la mayonesa. Esta ensalada está mucho más rica si se pega unas cuantas horas en la nevera antes de servirla. ¡Ñam ñam!

martes, 7 de septiembre de 2010

Lentejas de las de toda la vida

Empezaremos con el plato estrella de todas las casas, las lentejas. En toda mi vida no he conocido a dos personas que hiciesen las lentejas de la misma manera; así mismo jamás he probado unas lentejas que no me gustaran. Conclusión: que las hagáis como os de la gana, que experimentéis, que le preguntéis a vuestra madre o a vuestra abuela para conseguir ese punto secreto que tendrá vuestra receta.

Las lentejas es un plato que odian los pequeños y adoran los mayores. No sé en qué momento de la vida nuestro cerebro reacciona ante determinados sabores, pero menos mal que a mí se me han quitado muchas tonterías. De niña leí en algún sitio que el ser humano podría sobrevivir sólo a base de lentejas y, si están bien guisadas, me lo creo. Como hay tantas variantes a la hora de prepararlas, las lentejas son el alimento más completo porque a parte de legumbre con mucho hierro, comemos vegetales repletos de vitaminas y podemos añadir carne o patata. Me gustan tanto que creo que podría ser el ejemplo de lo que leí en su día. Viviría a base de lentejas. Bueno, y de leche con cola cao.

Yo las lentejas las compro ya cocidas. Es una opción rápida y cómoda, y bien escurridas son tan buenas como las naturales. Además no tengo olla exprés porque me da miedo. Así que elegid vosotros. Por otra parte cuezo, con poquita agua y una pizca de sal, una cebolla partida en cuartos, un par de pimientos verdes, un tomate pelado y, si tengo por la nevera, una zanahoria. Conozco gente que en lugar de cocer estas cosas, las fríe. O las fríe y luego las cuece, o al revés. El caso es que a mi me gusta cocerlas porque así no añado aceite frito al plato, que en mi opinión no le hace falta. Cuando estas cositas están cocidas las hago puré con la batidora. Me encanta ese caldo espeso y verde que le da cuerpo al guiso. Otra opción es trocearlas o directamente quitarlas porque ya han dado sabor al caldo, pero a mí lo del puré me parece la clave de todo. A veces en lugar de cocer el tomate, echo un par de cucharadas de tomate triturado de lata, y consigo prácticamente el mismo efecto. En una sartén pequeña y sin aceite doro unas rodajas de chorizo, en nuestro caso del picante que es el que le gusta a David. Si no queréis usar chorizo pero os gusta el toque salado de la carne en las lentejas, podéis cocer junto con las hortalizas un hueso de jamón. Pero luego no lo paséis por la batidora, podría suceder una desgracia. De desmiga el jamón con unas tijeras y se añade al final. Tenemos en una olla el puré, añadimos las rodajas de chorizo o las virutas de jamón y, a continuación, las lentejas del bote bien escurridas. Con 10 minutillos de fuego lento es más que suficiente para que estén listas. ¡Qué aproveche!

Aunque ya he reconocido que mis lentejas son las que más me gustan (insisto, no porque sea una chef de primera sino porque las hago como quiero) estaré encantada de recibir todas vuestras sugerencias.

Me gusta comer

Me gusta casi tanto como estrenar blogs... Por eso quiero compartir mis platos favoritos con vosotros. No es que sea precisamente una resabiada cocinera ni mucho menos. De hecho en la cocina soy bastante desastrosa, intento hacer varias cosas a la vez, calculo los ingredientes y los tiempos de cocción a ojo y luego pasa lo que pasa, que David y yo nos tenemos que comer mis experimentos, o llamar al chino.

Pero el caso es que me gusta mucho la cocina. Porque todo aquel que es feliz comiendo debería serlo cocinando, mezclando y creando, jugando con los sabores y las texturas, y por qué no, con los colores, una hermosa manera de engañar a los sentidos y a tus invitados.

Y quiero hablar de esto públicamente porque estoy muy aburrida de las eternas conversaciones y debates que se crean en torno a la dieta sana y a que debemos estar delgados, como si delgado fuese sinónimo de sano, creo que hace 100 años no pensaban lo mismo... Yo estoy sana como un roble, y me gusta comer, me gusta comer de todo, disfruto cada plato y cada chuchería, y si estoy gorda me da igual. Yo decidiré, no los demás, si se me antoja bajar un par de tallas, pero por que a mí me apetece, por variar, por probar cosas nuevas :)

Así que gente, dejaros llevar por uno de los mejores placeres terrenales. Olvidaros de las guarrerías, los bollos brillantes de plástico, las patatas fritas de corcho, las tonterías que no son comida y salir por ahí a tomar algo, o preparaos una buena cena.