martes, 7 de septiembre de 2010

Lentejas de las de toda la vida

Empezaremos con el plato estrella de todas las casas, las lentejas. En toda mi vida no he conocido a dos personas que hiciesen las lentejas de la misma manera; así mismo jamás he probado unas lentejas que no me gustaran. Conclusión: que las hagáis como os de la gana, que experimentéis, que le preguntéis a vuestra madre o a vuestra abuela para conseguir ese punto secreto que tendrá vuestra receta.

Las lentejas es un plato que odian los pequeños y adoran los mayores. No sé en qué momento de la vida nuestro cerebro reacciona ante determinados sabores, pero menos mal que a mí se me han quitado muchas tonterías. De niña leí en algún sitio que el ser humano podría sobrevivir sólo a base de lentejas y, si están bien guisadas, me lo creo. Como hay tantas variantes a la hora de prepararlas, las lentejas son el alimento más completo porque a parte de legumbre con mucho hierro, comemos vegetales repletos de vitaminas y podemos añadir carne o patata. Me gustan tanto que creo que podría ser el ejemplo de lo que leí en su día. Viviría a base de lentejas. Bueno, y de leche con cola cao.

Yo las lentejas las compro ya cocidas. Es una opción rápida y cómoda, y bien escurridas son tan buenas como las naturales. Además no tengo olla exprés porque me da miedo. Así que elegid vosotros. Por otra parte cuezo, con poquita agua y una pizca de sal, una cebolla partida en cuartos, un par de pimientos verdes, un tomate pelado y, si tengo por la nevera, una zanahoria. Conozco gente que en lugar de cocer estas cosas, las fríe. O las fríe y luego las cuece, o al revés. El caso es que a mi me gusta cocerlas porque así no añado aceite frito al plato, que en mi opinión no le hace falta. Cuando estas cositas están cocidas las hago puré con la batidora. Me encanta ese caldo espeso y verde que le da cuerpo al guiso. Otra opción es trocearlas o directamente quitarlas porque ya han dado sabor al caldo, pero a mí lo del puré me parece la clave de todo. A veces en lugar de cocer el tomate, echo un par de cucharadas de tomate triturado de lata, y consigo prácticamente el mismo efecto. En una sartén pequeña y sin aceite doro unas rodajas de chorizo, en nuestro caso del picante que es el que le gusta a David. Si no queréis usar chorizo pero os gusta el toque salado de la carne en las lentejas, podéis cocer junto con las hortalizas un hueso de jamón. Pero luego no lo paséis por la batidora, podría suceder una desgracia. De desmiga el jamón con unas tijeras y se añade al final. Tenemos en una olla el puré, añadimos las rodajas de chorizo o las virutas de jamón y, a continuación, las lentejas del bote bien escurridas. Con 10 minutillos de fuego lento es más que suficiente para que estén listas. ¡Qué aproveche!

Aunque ya he reconocido que mis lentejas son las que más me gustan (insisto, no porque sea una chef de primera sino porque las hago como quiero) estaré encantada de recibir todas vuestras sugerencias.

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