miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pez espada

O emperador. Es uno de mis pescados favoritos, sobre todo por lo rico que lo hace mi mamá. Además es fácil de preparar, sano y ¡no tiene espinas! El pescado ideal para niños y para raritos jaja.

Preparamos el filete a la plancha con sal, a fuego vivo y con poco aceite. Mientras, en el mortero, machacamos un poquito de ajo y le añadimos un chorrito de aceite de oliva, unas gotitas de limón y perejil. Cuando el pescado esté listo en el plato, le incorporamos la salsa del mortero. ¡Qué rico!

Lo ideal es utilizar perejil y ajo fresco, aunque el perejil fresco es más complicado de conservar y el ajo fresco, a mí en particular, me sienta como un tiro, así que podéis preparar el plato con ambas especias de bote.

Que nadie diga que hacer dieta es soso y aburrido.

martes, 2 de noviembre de 2010

Salchichas con vino blanco

Este plato, que en apariencia no tiene ningún misterio, puede tener tanto misterio como tú quieras.

Es uno de los primeros que solemos aprender de adolescentes. Es muy fácil de hacer, incluso en cantidades industriales; le gusta a todo el mundo, en especial a los jóvenes; y es barato. Es nuestro primer mini triunfo en las cenas sociales. Pues bien, espero que con los años y la práctica, cada uno haya descubierto su manera especial de hacer las salchichas, y estaré encantada si lo compartís conmigo.

Con todo esto de las dietas y las comidas light, hago un intento de aligerar este plato. En primer lugar sazono las salchichas con sal y pimienta negra. Después las frío en una sartén, con fuego vivo, hasta que adquieren ese color marroncito tan apetecible. Añado un chorrito de vino blanco y le doy un hervor rápido. Acto seguido, apago el fuego, las dejo enfriar unos minutos y retiro las salchichas de la sartén pasándolas escurridas a una olla. Así el aceite y la grasa se quedan fuera de la ecuación.

En la olla añado otra puntita de pimienta negra, una buena ración de vino blanco y abundante tomillo. Si no tenéis, también le va de cine el romero. Dejamos las salchichas cociendo un rato largo para que adquieran bien el aroma del tomillo. Mientras, podemos preparar un puré de patatas, que es el acompañamiento que más le va.

Calamares en su tinta

¡Ayer fue fiesta! Y como no hubo que ir a trabajar, fue el día perfecto para un plato especial.

Este es uno de los platos que, por mucho que te esfuerces, jamás te saldrá tan bueno como a tu madre, y no digamos como a tu abuela... Debe de tener un punto secreto que alguien te confía con los años o igual se trata de un don que se adquiere cuando tienes que mantener a una familia. Ni idea, pero que no se diga que yo no lo intento.

En primer lugar, como casi siempre en todos los guisos, freímos cebolla cortada muy finita, de la dulce, para que se desintegre poco a poco. Incorporamos al sofrito un par de hojas de laurel y una guindilla cayena, pero sólo una, que aunque sean pequeñas pueden arruinarte el plato. Cuando la cebolla esté dorada añadimos las anillas de calamar y las freímos un poco.

Apunte: yo compro directamente el calamar cortado en anillas, aunque podéis comprar uno entero en la pescadería y, después de lavarlo (se le da la vuelta como a un calcetín debajo del chorro de agua) cortarlo a vuestro gusto. En algunos sitios podéis comprar rabas, que es el calamar cortado a tiras. Este plato también está de cine con chipirones, los cuales, después de lavarlos, podéis rellenarlos con sus propias patitas (dicho así parece una perversión). Incluso si os apetece variar, el arroz negro también está riquísimo con sepia.

Mientras se doran las anillas, añadimos una cucharadita de pan rallado para que espese la salsa, cinco o seis cucharadas de tomate triturado y un chorrito de vino blanco. Dejamos que se fría todo un ratito y después añadimos la tinta, removiendo despacio para que se mezcle bien y se tiña la salsa de manera uniforme.

Apunte dos: las bolsitas de tinta me las vende el mismo pescatero cuando compro las anillas, siempre me gusta tener unas cuantas congeladas y además duran un montón. Suelo utilizar dos bolsitas. Para los más exquisitos, sobre todo si compráis el calamar entero, aconsejo utilizar la bolsa de tinta natural del calamar, con cuidado ya que se rompe sólo con mirarla. Aporta un sabor especial, pero eso sí, tiñe mucho menos (conseguiréis un delicioso arroz gris).

Este plato me gusta mucho más reposado. Lo hago a media mañana para poder dejarlo un par de horas enfriando, y poco antes de comer le añado un poquito de agua y le doy un calentón a fuego lento. Mientras tanto, cuezo el arroz para servirlo recién hecho, con un chorrito de aceite y una puntita de sal en el agua. No le añado nada más porque la salsa de los calamares ya es muy sabrosa.

Servimos una montañita de arroz en cada plato y los calamares con su tinta por encima. La presentación siempre es importante. ¡Que aproveche!