O, como dice mi abuela, "ese plato de pescadores"... pero en el fondo sé que le gusta, jaja. Además el bonito es muy sano.
Estaba releyendo la receta que apunté en un papelajo arrugado que había por la cocina de mi madre y no deja de sorprenderme cómo dos platos, en apariencia tan diferentes, se preparan prácticamente igual. ¡Si va a resultar que esto es mucho más fácil de lo que parece! Vamos a por ello.
La semejanza la tiene con la paella de carne (quién lo diría). En este caso también empezamos friendo cebolla troceada y tiras de pimiento verde, pero además añadimos una guindilla cayena y dos hojas de laurel. Esperamos y removemos hasta que esté pochadito. Incorporamos a la sartén media lata de tomate natural triturado o, mejor aún, un tomate pelado y en trocitos. Freímos un ratito más, sin olvidarnos de la sal.
Pelamos y cascamos unas patatas, calculad una mediana por persona. David me preguntaría gramos o centímetros exactos de lo que se denomina una patata mediana común, pero yo siempre le respondo que sí... que a ojo :)
Ahora que la salsa con el tomate ya está frita, añadimos una cucharada de coñac, las patatas y abundante agua (que cubra las patatas) para que salga un guiso caldoso y poder comerlo con cuchara, que en invierno apetece un montón. No hace falta que vigilemos el guiso con la mirada fija en la mezcla, como aconsejan Les Luthiers con el "suflé", simplemente esperaremos a que las patatas estén blandas. Mientras tanto, limpiamos y troceamos el bonito. Que no se diga que no podemos hacer varias cosas a la vez.
Cuando las patatas estén en su punto, añadimos el bonito y corregimos de sal. Con un hervorcillo de dos minutos será más que suficiente para que el plato esté listo. Sano, calentito y rico rico...
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