Sospecho... que me he engordado. Me lo insinúa el espejo. ¡Maldición! Gracias a los dioses no puedo saberlo con certeza, ya que la báscula se ha quedado sin pilas. No sé que me pasa últimamente, yo intento llevar una dieta sana y comer un poco de todo, pero cada vez que abro la nevera, me encuentro con la mirada escrutadora de una lechuga iceberg... y me dan los siete males. Un bajón... Sólo me vienen a la mente platos de gordo. Espero que sea algo pasajero y para nada contagioso. Por eso hoy he decidido preparar un guiso de pollo con manzana y quiero compartirlo con vosotros.
En primer lugar me gusta lavar el pollo. He comprado jamoncitos porque la presentación es más cuca, pero sale mejor de precio comprar un pollo entero. Un día mi madre me aconsejó que le quitara la piel, y desde entonces lo hago siempre, así no hay riesgos de que se me pegue al fondo de la perola y además eliminamos el componente grasiento del pollo. Colocamos el pollo en la olla lavado, sin piel, con sal, un poco de pimienta negra y un buen chorro de aceite de oliva, no seáis rácanos. Comenzamos a dorarlo a fuego lento. Lo acompañamos con un par de puerros cortados en rodajas pequeñitas. El puerro es sutituíble por cebolla, yo os doy alternativas, no vamos a ser tan quisquillosos. Freímos el conjunto hasta que el pollo esté bien dorado y el puerro prácticamente deshecho en el fondo.
Añadimos al guiso una manzana cortada en dados. Para los que adoran los platos exóticos, podéis probar a añadir unos dátiles o unas pasas, el sabor de la salsa estará de muerte. Pero yo hoy no estoy para extravagancias. Bueno, y no quiero imaginarme la cara de David si se encuentra en su plato una pasa.
Le damos unas vueltas al pollo con la manzana y añadimos vino blanco, casi hasta que lo cubra todo. Unos minutos cociendo a fuego medio (por supuesto, tiempos a ojo) y ¡ya está!
Facilito ¿eh? Si es que el pollo es tan versátil...
sábado, 30 de octubre de 2010
martes, 19 de octubre de 2010
Marmitako
O, como dice mi abuela, "ese plato de pescadores"... pero en el fondo sé que le gusta, jaja. Además el bonito es muy sano.
Estaba releyendo la receta que apunté en un papelajo arrugado que había por la cocina de mi madre y no deja de sorprenderme cómo dos platos, en apariencia tan diferentes, se preparan prácticamente igual. ¡Si va a resultar que esto es mucho más fácil de lo que parece! Vamos a por ello.
La semejanza la tiene con la paella de carne (quién lo diría). En este caso también empezamos friendo cebolla troceada y tiras de pimiento verde, pero además añadimos una guindilla cayena y dos hojas de laurel. Esperamos y removemos hasta que esté pochadito. Incorporamos a la sartén media lata de tomate natural triturado o, mejor aún, un tomate pelado y en trocitos. Freímos un ratito más, sin olvidarnos de la sal.
Pelamos y cascamos unas patatas, calculad una mediana por persona. David me preguntaría gramos o centímetros exactos de lo que se denomina una patata mediana común, pero yo siempre le respondo que sí... que a ojo :)
Ahora que la salsa con el tomate ya está frita, añadimos una cucharada de coñac, las patatas y abundante agua (que cubra las patatas) para que salga un guiso caldoso y poder comerlo con cuchara, que en invierno apetece un montón. No hace falta que vigilemos el guiso con la mirada fija en la mezcla, como aconsejan Les Luthiers con el "suflé", simplemente esperaremos a que las patatas estén blandas. Mientras tanto, limpiamos y troceamos el bonito. Que no se diga que no podemos hacer varias cosas a la vez.
Cuando las patatas estén en su punto, añadimos el bonito y corregimos de sal. Con un hervorcillo de dos minutos será más que suficiente para que el plato esté listo. Sano, calentito y rico rico...
Estaba releyendo la receta que apunté en un papelajo arrugado que había por la cocina de mi madre y no deja de sorprenderme cómo dos platos, en apariencia tan diferentes, se preparan prácticamente igual. ¡Si va a resultar que esto es mucho más fácil de lo que parece! Vamos a por ello.
La semejanza la tiene con la paella de carne (quién lo diría). En este caso también empezamos friendo cebolla troceada y tiras de pimiento verde, pero además añadimos una guindilla cayena y dos hojas de laurel. Esperamos y removemos hasta que esté pochadito. Incorporamos a la sartén media lata de tomate natural triturado o, mejor aún, un tomate pelado y en trocitos. Freímos un ratito más, sin olvidarnos de la sal.
Pelamos y cascamos unas patatas, calculad una mediana por persona. David me preguntaría gramos o centímetros exactos de lo que se denomina una patata mediana común, pero yo siempre le respondo que sí... que a ojo :)
Ahora que la salsa con el tomate ya está frita, añadimos una cucharada de coñac, las patatas y abundante agua (que cubra las patatas) para que salga un guiso caldoso y poder comerlo con cuchara, que en invierno apetece un montón. No hace falta que vigilemos el guiso con la mirada fija en la mezcla, como aconsejan Les Luthiers con el "suflé", simplemente esperaremos a que las patatas estén blandas. Mientras tanto, limpiamos y troceamos el bonito. Que no se diga que no podemos hacer varias cosas a la vez.
Cuando las patatas estén en su punto, añadimos el bonito y corregimos de sal. Con un hervorcillo de dos minutos será más que suficiente para que el plato esté listo. Sano, calentito y rico rico...
Paella de carne
O arroz con conejo, que no quiero herir sensibilidades. Tengo amigos valencianos que preparan unas paellas magníficas con unos ingredientes que ni conozco, pero se indignan porque, según ellos, por culpa de los guiris ahora llamamos paella a cualquier cosa, jaja. Es lo que tiene el amor por la patria y por la buena cocina.
Bueno, el caso es que mi madre ha preparado esta paella de carne toda la vida y es uno de mis platos favoritos, por eso lo quiero compartir con vosotros. A ella le sale de cine, espero poder decir lo mismo de mí dentro de unos años.
En primer lugar haremos el clásico sofrito que nunca falla. En un buen aceite de oliva freímos cebolla picada, tiras de pimiento verde, trozos de conejo y magro de cerdo en tacos. Sazonamos. Vamos vigilando y removiendo hasta que el conejo esté bien hecho. Añadimos casi al final unas rodajitas de chorizo pero que no se hagan demasiado. Para terminar, incluimos media lata de tomate natural triturado y lo freímos.
La cantidad de arroz es de una taza para tres personas, aproximadamente. Doramos un poco el arroz en el sofrito antes de añadir el agua (dos tazas, siempre el doble que de arroz). Por último, un poco más de sal y el azafrán.
Dejamos cocer el arroz 17 minutos desde que rompe a hervir el agua, sin moverlo. Después apagamos el fuego, tapamos la paella con un trapo y dejamos reposar unos 10 minutos. Más le vale a tu marido tener la mesa puesta porque esto hay que comerlo ¡ya!
Como os dije ya en otra ocasión, lo divertido es experimentar, que si no tenemos conejo podemos hacerla con pollo, unas rodajitas de longaniza (de la seca, de Aragón, faltaría más) o con pimientos rojos asados decorando el plato. O incluso huevo duro. Qué hambre... grrr...
Bueno, el caso es que mi madre ha preparado esta paella de carne toda la vida y es uno de mis platos favoritos, por eso lo quiero compartir con vosotros. A ella le sale de cine, espero poder decir lo mismo de mí dentro de unos años.
En primer lugar haremos el clásico sofrito que nunca falla. En un buen aceite de oliva freímos cebolla picada, tiras de pimiento verde, trozos de conejo y magro de cerdo en tacos. Sazonamos. Vamos vigilando y removiendo hasta que el conejo esté bien hecho. Añadimos casi al final unas rodajitas de chorizo pero que no se hagan demasiado. Para terminar, incluimos media lata de tomate natural triturado y lo freímos.
La cantidad de arroz es de una taza para tres personas, aproximadamente. Doramos un poco el arroz en el sofrito antes de añadir el agua (dos tazas, siempre el doble que de arroz). Por último, un poco más de sal y el azafrán.
Dejamos cocer el arroz 17 minutos desde que rompe a hervir el agua, sin moverlo. Después apagamos el fuego, tapamos la paella con un trapo y dejamos reposar unos 10 minutos. Más le vale a tu marido tener la mesa puesta porque esto hay que comerlo ¡ya!
Como os dije ya en otra ocasión, lo divertido es experimentar, que si no tenemos conejo podemos hacerla con pollo, unas rodajitas de longaniza (de la seca, de Aragón, faltaría más) o con pimientos rojos asados decorando el plato. O incluso huevo duro. Qué hambre... grrr...
jueves, 14 de octubre de 2010
Manolitos y otros seres queridos
Resulta que tienes una cena para ocho invitados en tu pisito de polly pocket. ¡Horror! Has conseguido sillas plegables y vasos suficientes en el chino, pero no tienes una perola tan grande como para cocinar macarrones para tantos. Te propongo una alternativa barata y divertida, temática si quieres, y tus amigos quedarán satisfechos.
Lo primero que debes hacer es comprar ese paquete de lomo de cerdo del Mercadona en el que vienen 36 filetes y que cuesta unos 7 euros, toda una ganga. Si tu sueldo no es miserable y te puedes permitir un poco más que eso, siempre puedes ir a la carnicería de tu barrio y comprar solomillo. Pero con ambas cosas te vas a lucir.
Lo ideal sería no congelarlo. Primero les pones un poco de sal y los vas friendo con un fuego medio y una buena cucharada de aceite, que se hagan bien por dentro pero que no suelten agua (esa cosa blanca que rodea los filetes y que a mí me da tanto asquito). Y ahora viene lo divertido.
MANOLITOS
Este es mi favorito. Una vez fritos los filetes los colocas en una fuente y sobre cada uno de ellos pones medio tranchete de queso (o loncha fina del queso curado que tienes por la nevera). Después los sazonas con un pellizco de orégano. Si esto lo acompañas con unas tostadas con aceite y ajo, tu mesa olerá como un restaurante italiano. De primero una ensalada y de beber Lambrusco. El postre que lo traigan ellos.
Este plato recibe el nombre de Manolito porque lo aprendí de mi padre. Lo preparé un día para mis compañeras de piso y Laura bautizó la receta. Ella también tiene la suya propia.
LOS DE LAURA
Esta vez vamos a optar por una salsa de queso. Lo ideal sería calentar en un cazo un brick de nata para cocinar, aunque podéis hacerlo con leche. No es lo mismo... pero conozco a gente que no puede ver la nata ni en pintura. Yo lo hago con ambas cosas, la nata le da a la salsa una textura muy agradable y un chorrito de leche la suaviza. En la nata fundimos una cuña de queso azul; para los más pudientes, de roquefort, pero no obsesionarse, con el barato la salsa está de cine. Servimos los filetes y llevamos el queso a la mesa en una salsera. El acompañamiento más idóneo son patatas fritas, así que aconsejo no hacer esta cena a menudo si te dan pavor los kilos de más.
LOS DE CARMEN, MI MAMÁ
Este plato no sólo triunfa en una mesa, también es una opción ideal como bocata campestre. Freímos los filetes con ajo cortado en rodajas, o dientes enteros si os gusta más. De todas formas yo no puedo comerme el ajo porque paso una digestión terrible. En otra sartén freímos pimientos del piquillo, a fuego lento, con una puntita de sal y otra de azúcar. Si vemos que se quedan un poco pastosos, podemos añadir un chorrito de agua. Mi madre, que lleva haciendo este plato toda su vida, últimamente añade también a la sartén de los pimientos unos champiñones frescos.De vez en cuando hay que innovar, y esto ha sido todo un acierto.
LOS DE ANA, MI VECINA
Uno de los platos favoritos de Ana son los filetes al yogur; le salen de vicio. Una vez fritos los filetes con poco aceite, añadimos una tarrina de yogur natural (que no sea azucarado, por dios). El ideal para este plato es el yogur griego, por su cremosidad y su sabor. Dejamos cocer el yogur con la carne y añadimos una puntita de sal. Buenísimos.
LOS DE MARI, MI SUEGRA
Ella se trabaja el lomo bastante más que yo. Lo asa entero y luego en frío lo corta en rodajas. Mmmm... pero lo mejor sin duda es la salsa. Freímos cebolla finita con unos trozos de manzana y vino blanco y cocemos un ratito los filetes ya dorados. Preparad unas cuantas barras de pan. Podemos acompañarlos con una ensalada tropical de estas que llevan gambas, piña y lechugas varias.
Espero que disfrutéis de una gran cena. Y también que al leer esto os entren ganas de experimentar. Si ya lo decía mi abuelo, que al cerdo le va bien todo.
Lo primero que debes hacer es comprar ese paquete de lomo de cerdo del Mercadona en el que vienen 36 filetes y que cuesta unos 7 euros, toda una ganga. Si tu sueldo no es miserable y te puedes permitir un poco más que eso, siempre puedes ir a la carnicería de tu barrio y comprar solomillo. Pero con ambas cosas te vas a lucir.
Lo ideal sería no congelarlo. Primero les pones un poco de sal y los vas friendo con un fuego medio y una buena cucharada de aceite, que se hagan bien por dentro pero que no suelten agua (esa cosa blanca que rodea los filetes y que a mí me da tanto asquito). Y ahora viene lo divertido.
MANOLITOS
Este es mi favorito. Una vez fritos los filetes los colocas en una fuente y sobre cada uno de ellos pones medio tranchete de queso (o loncha fina del queso curado que tienes por la nevera). Después los sazonas con un pellizco de orégano. Si esto lo acompañas con unas tostadas con aceite y ajo, tu mesa olerá como un restaurante italiano. De primero una ensalada y de beber Lambrusco. El postre que lo traigan ellos.
Este plato recibe el nombre de Manolito porque lo aprendí de mi padre. Lo preparé un día para mis compañeras de piso y Laura bautizó la receta. Ella también tiene la suya propia.
LOS DE LAURA
Esta vez vamos a optar por una salsa de queso. Lo ideal sería calentar en un cazo un brick de nata para cocinar, aunque podéis hacerlo con leche. No es lo mismo... pero conozco a gente que no puede ver la nata ni en pintura. Yo lo hago con ambas cosas, la nata le da a la salsa una textura muy agradable y un chorrito de leche la suaviza. En la nata fundimos una cuña de queso azul; para los más pudientes, de roquefort, pero no obsesionarse, con el barato la salsa está de cine. Servimos los filetes y llevamos el queso a la mesa en una salsera. El acompañamiento más idóneo son patatas fritas, así que aconsejo no hacer esta cena a menudo si te dan pavor los kilos de más.
LOS DE CARMEN, MI MAMÁ
Este plato no sólo triunfa en una mesa, también es una opción ideal como bocata campestre. Freímos los filetes con ajo cortado en rodajas, o dientes enteros si os gusta más. De todas formas yo no puedo comerme el ajo porque paso una digestión terrible. En otra sartén freímos pimientos del piquillo, a fuego lento, con una puntita de sal y otra de azúcar. Si vemos que se quedan un poco pastosos, podemos añadir un chorrito de agua. Mi madre, que lleva haciendo este plato toda su vida, últimamente añade también a la sartén de los pimientos unos champiñones frescos.De vez en cuando hay que innovar, y esto ha sido todo un acierto.
LOS DE ANA, MI VECINA
Uno de los platos favoritos de Ana son los filetes al yogur; le salen de vicio. Una vez fritos los filetes con poco aceite, añadimos una tarrina de yogur natural (que no sea azucarado, por dios). El ideal para este plato es el yogur griego, por su cremosidad y su sabor. Dejamos cocer el yogur con la carne y añadimos una puntita de sal. Buenísimos.
LOS DE MARI, MI SUEGRA
Ella se trabaja el lomo bastante más que yo. Lo asa entero y luego en frío lo corta en rodajas. Mmmm... pero lo mejor sin duda es la salsa. Freímos cebolla finita con unos trozos de manzana y vino blanco y cocemos un ratito los filetes ya dorados. Preparad unas cuantas barras de pan. Podemos acompañarlos con una ensalada tropical de estas que llevan gambas, piña y lechugas varias.
Espero que disfrutéis de una gran cena. Y también que al leer esto os entren ganas de experimentar. Si ya lo decía mi abuelo, que al cerdo le va bien todo.
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