miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ensalada de pasta

Para que mi futuro marido David vea el partidazo que se va a llevar conmigo, voy a publicar la receta de su segundo plato favorito. ¿Adivináis cuál es el primero? Muy bien, las lentejas :)

La ensalada de pasta es la excusa perfecta para comer todas las chucherías que tenemos por la nevera y que tanto nos gustan, como aceitunas, mayonesa, palitos de cangrejo... pero camufladas con el sustantivo ensalada. Así uno se siente mejor con su conciencia, las ensaladas son muy sanas y apetecen mucho en verano, aunque la que yo hago prácticamente no lleva vegetales...

En primer lugar la gracia está en elegir una pasta divertida. Ahora en el súper las hay de todos los colores y formas, como mariposas, tirabuzones o garbanzitos verdes, naranjas, amarillos... Coged una bonita y la cocéis.

Lo que yo le pongo:

- palitos de cangrejo, o surimi, no sé muy bien como se llama pero sé que lo venden congelado en barritas.
- atún, imprescindible.
- cebolla dulce o cebolleta, ¡cuanta más mejor!
- aceitunas sin hueso, y además las parto por la mitad y no veáis lo que cunden.
- huevo duro en rodajas, calculad uno por persona.
- dados de queso en salmuera, es fácil encontrarlo en el súper, o si no, tacos de queso curado.
- salsa rosa, pero no la oficial, sino la que yo hago con mayonesa y ketchup.

Podéis añadirle lo que os de la gana, pero esta combinación es la que más nos gusta.

Sé que la mayonesa de bote no está nada mal, y además la venden light, pero de vez en cuando, ya que nos ponemos, lo ideal es hacer una mayonesa casera, que no hay ni punto de comparación. Es muy facilito. En el recipiente de plástico echamos un huevo crudo y buen chorro de aceite de girasol (con aceite de oliva está demasiado fuerte). Introducimos la batidora y (si tiene la opción) la ajustamos a una velocidad lenta para que se ligue bien, pero no se rompa el huevo. Batimos despacito y sin que entre aire en la mezcla (sin sacar el cabezal del líquido). Podemos ir añadiendo un chorrito más de aceite, o incluso uno de oliva, para darle sabor y una pizquita de sal (no es imprescindible, yo a veces no le pongo). Cuando esté ligada seguimos batiendo desde abajo para que coja cuerpo y se haga dura, ya que al añadir el ketchup se vuelve bastante más líquida. Dependiendo de para qué hagamos la salsa, en lugar de ketchup podemos añadir vinagre, zumo de limón, o las dos cosas. Si es para pescado y marisco el limón le va de cine. Las cantidades... pues a ojo y la vais probando.

Pues ya podéis mezclar la pasta, con los ingredientes y la salsa. Si la hacéis a menudo, también se puede aliñar con vinagreta, para no abusar de la mayonesa. Esta ensalada está mucho más rica si se pega unas cuantas horas en la nevera antes de servirla. ¡Ñam ñam!

martes, 7 de septiembre de 2010

Lentejas de las de toda la vida

Empezaremos con el plato estrella de todas las casas, las lentejas. En toda mi vida no he conocido a dos personas que hiciesen las lentejas de la misma manera; así mismo jamás he probado unas lentejas que no me gustaran. Conclusión: que las hagáis como os de la gana, que experimentéis, que le preguntéis a vuestra madre o a vuestra abuela para conseguir ese punto secreto que tendrá vuestra receta.

Las lentejas es un plato que odian los pequeños y adoran los mayores. No sé en qué momento de la vida nuestro cerebro reacciona ante determinados sabores, pero menos mal que a mí se me han quitado muchas tonterías. De niña leí en algún sitio que el ser humano podría sobrevivir sólo a base de lentejas y, si están bien guisadas, me lo creo. Como hay tantas variantes a la hora de prepararlas, las lentejas son el alimento más completo porque a parte de legumbre con mucho hierro, comemos vegetales repletos de vitaminas y podemos añadir carne o patata. Me gustan tanto que creo que podría ser el ejemplo de lo que leí en su día. Viviría a base de lentejas. Bueno, y de leche con cola cao.

Yo las lentejas las compro ya cocidas. Es una opción rápida y cómoda, y bien escurridas son tan buenas como las naturales. Además no tengo olla exprés porque me da miedo. Así que elegid vosotros. Por otra parte cuezo, con poquita agua y una pizca de sal, una cebolla partida en cuartos, un par de pimientos verdes, un tomate pelado y, si tengo por la nevera, una zanahoria. Conozco gente que en lugar de cocer estas cosas, las fríe. O las fríe y luego las cuece, o al revés. El caso es que a mi me gusta cocerlas porque así no añado aceite frito al plato, que en mi opinión no le hace falta. Cuando estas cositas están cocidas las hago puré con la batidora. Me encanta ese caldo espeso y verde que le da cuerpo al guiso. Otra opción es trocearlas o directamente quitarlas porque ya han dado sabor al caldo, pero a mí lo del puré me parece la clave de todo. A veces en lugar de cocer el tomate, echo un par de cucharadas de tomate triturado de lata, y consigo prácticamente el mismo efecto. En una sartén pequeña y sin aceite doro unas rodajas de chorizo, en nuestro caso del picante que es el que le gusta a David. Si no queréis usar chorizo pero os gusta el toque salado de la carne en las lentejas, podéis cocer junto con las hortalizas un hueso de jamón. Pero luego no lo paséis por la batidora, podría suceder una desgracia. De desmiga el jamón con unas tijeras y se añade al final. Tenemos en una olla el puré, añadimos las rodajas de chorizo o las virutas de jamón y, a continuación, las lentejas del bote bien escurridas. Con 10 minutillos de fuego lento es más que suficiente para que estén listas. ¡Qué aproveche!

Aunque ya he reconocido que mis lentejas son las que más me gustan (insisto, no porque sea una chef de primera sino porque las hago como quiero) estaré encantada de recibir todas vuestras sugerencias.

Me gusta comer

Me gusta casi tanto como estrenar blogs... Por eso quiero compartir mis platos favoritos con vosotros. No es que sea precisamente una resabiada cocinera ni mucho menos. De hecho en la cocina soy bastante desastrosa, intento hacer varias cosas a la vez, calculo los ingredientes y los tiempos de cocción a ojo y luego pasa lo que pasa, que David y yo nos tenemos que comer mis experimentos, o llamar al chino.

Pero el caso es que me gusta mucho la cocina. Porque todo aquel que es feliz comiendo debería serlo cocinando, mezclando y creando, jugando con los sabores y las texturas, y por qué no, con los colores, una hermosa manera de engañar a los sentidos y a tus invitados.

Y quiero hablar de esto públicamente porque estoy muy aburrida de las eternas conversaciones y debates que se crean en torno a la dieta sana y a que debemos estar delgados, como si delgado fuese sinónimo de sano, creo que hace 100 años no pensaban lo mismo... Yo estoy sana como un roble, y me gusta comer, me gusta comer de todo, disfruto cada plato y cada chuchería, y si estoy gorda me da igual. Yo decidiré, no los demás, si se me antoja bajar un par de tallas, pero por que a mí me apetece, por variar, por probar cosas nuevas :)

Así que gente, dejaros llevar por uno de los mejores placeres terrenales. Olvidaros de las guarrerías, los bollos brillantes de plástico, las patatas fritas de corcho, las tonterías que no son comida y salir por ahí a tomar algo, o preparaos una buena cena.